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Daniel Esquenazi Beraha y el desafío de construir empresas sin normalizar el agotamiento

En el imaginario empresarial, la disposición para trabajar más allá de lo esperado suele interpretarse como una señal de ambición. Permanecer conectado después de la jornada, asumir nuevas tareas sin cuestionar los tiempos de entrega y responder solicitudes durante los días de descanso pueden parecer comportamientos propios de una trayectoria profesional exitosa. No obstante, cuando estas prácticas se convierten en una constante, resulta necesario preguntarse si realmente contribuyen al crecimiento de las personas y las organizaciones.

El burnout laboral ha ganado relevancia precisamente porque permite poner sobre la mesa los costos de sostener niveles prolongados de estrés en el trabajo. Su importancia va más allá del bienestar individual: también invita a examinar los modelos de liderazgo, las expectativas de productividad y las condiciones en las que operan los equipos. Daniel Esquenazi Beraha, empresario mexicano, considera que el desafío consiste en desarrollar una visión del éxito que no dependa de mantener a las personas bajo presión de manera indefinida.

Cuando el trabajo deja de tener un horario claro

La transformación digital amplió las posibilidades de colaboración, pero también modificó las expectativas sobre la disponibilidad de los profesionales. Hoy es posible recibir instrucciones, revisar documentos o participar en reuniones desde un teléfono celular, incluso cuando la jornada laboral ya terminó. Esta facilidad puede resultar útil en situaciones excepcionales, aunque también puede generar una sensación de conexión permanente.

El riesgo aparece cuando los colaboradores sienten que deben estar disponibles para demostrar su valor dentro de una organización. En esas circunstancias, desconectarse puede percibirse como una falta de compromiso, mientras que aceptar una carga de trabajo excesiva se convierte en una forma de buscar reconocimiento.

Para Daniel Esquenazi Beraha, cuestionar esta dinámica implica distinguir entre estar ocupado y ser productivo. Una agenda saturada no necesariamente refleja avances significativos, del mismo modo que una jornada extensa no garantiza decisiones acertadas. La calidad del trabajo también depende de la capacidad de analizar información, identificar prioridades y responder con criterio ante situaciones complejas.

Desde esta perspectiva, establecer horarios y límites de comunicación puede ayudar a que las exigencias laborales se administren de manera más clara. El objetivo no es eliminar la presión inherente a los negocios, sino evitar que las urgencias cotidianas desplacen de forma permanente las necesidades de recuperación y descanso.

Una cultura empresarial se construye desde arriba

Los hábitos de los directivos tienen un efecto que va más allá de su propia agenda. Un líder que respeta sus tiempos de descanso y organiza sus prioridades puede contribuir a establecer expectativas más claras para su equipo. Por el contrario, cuando la disponibilidad permanente se presenta como un requisito implícito para progresar, esa conducta puede reproducirse en distintos niveles de la empresa.

Daniel Esquenazi Beraha propone entender el bienestar laboral como parte de una conversación más amplia sobre la sostenibilidad de las organizaciones. Esto supone revisar cómo se distribuye el trabajo, qué objetivos se consideran realistas y qué mecanismos existen para evitar que una carga excesiva recaiga de manera recurrente sobre las mismas personas.

También implica reconocer que los periodos de alta exigencia son inevitables en determinados momentos, como durante una crisis o una etapa de crecimiento. Sin embargo, una situación extraordinaria no debería convertirse en el modelo habitual de funcionamiento.

El liderazgo empresarial requiere responder a los desafíos del presente sin perder de vista el futuro. Para conseguirlo, las organizaciones necesitan equipos con capacidad de adaptación, pero también condiciones que les permitan mantener su desempeño. En ese sentido, abordar el burnout no consiste únicamente en hablar de bienestar: significa revisar las prácticas que definen la cultura laboral y preguntarse si están diseñadas para obtener resultados inmediatos o para construir empresas capaces de sostenerlos a largo plazo.

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EditorDMX

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