La inclusión laboral no comienza únicamente con una contratación. Para que una persona pueda integrarse plenamente a un centro de trabajo también necesita desplazarse, identificar espacios, recibir información y saber cómo responder ante una emergencia.
Esta dimensión física de la inclusión cobra relevancia ante la realidad del mercado laboral mexicano. Los Censos Económicos 2024 incorporaron información específica sobre personas con discapacidad en los establecimientos del país y encontraron que más de 100 mil unidades económicas empleaban a personas con algún tipo de discapacidad.
Entre las dificultades registradas destacaron las relacionadas con ver aun utilizando lentes, caminar o subir y bajar escaleras, oír, comunicarse y recordar o concentrarse. Es decir, hablar de accesibilidad laboral implica considerar necesidades distintas y no una sola forma de discapacidad.
Cuando una señal necesita hacer más que verse
En ese contexto, las placas y señalamientos mexicanos pueden formar parte de una infraestructura que permita que más personas utilicen los espacios de manera autónoma.
La NOM-034-STPS-2016 establece condiciones de seguridad para el acceso y desarrollo de actividades de trabajadores con discapacidad en los centros laborales. Entre sus disposiciones se encuentra la utilización de señalización visual, auditiva o táctil, según corresponda a las características de las personas que trabajan en el lugar.
La norma va más allá de pedir que exista un letrero. Por ejemplo, establece que las placas y señalamientos mexicanos deben colocarse de manera que no representen un riesgo ni queden obstruidas. Asimismo, para determinados casos, la señalización táctil debe ser accesible, estar libre de obstáculos e incorporar código Braille.
La Secretaría del Trabajo y Previsión Social ha explicado que estas medidas buscan facilitar tanto el desplazamiento y la permanencia como las indicaciones que deben seguirse durante una emergencia.
Diseñar para todas las personas
Este enfoque cambia la manera de entender la señalización. El objetivo deja de ser simplemente colocar información sobre una pared y pasa a preguntarse quién necesita recibirla y de qué manera puede hacerlo.
Una persona con discapacidad visual puede requerir información táctil; alguien con limitaciones auditivas necesita que una alerta no dependa exclusivamente del sonido, mientras que una persona con movilidad reducida necesita reconocer recorridos compatibles con sus posibilidades de desplazamiento.
Por ello, la accesibilidad debe considerarse desde la planeación de un inmueble y actualizarse cuando cambian los espacios, las operaciones o las características de la plantilla.
Además, el tema rebasa a las grandes corporaciones. Los primeros resultados de los Censos Económicos mostraron que la mayoría de las unidades económicas que empleaban personas con discapacidad eran micronegocios, lo que coloca la inclusión también en pequeños comercios, talleres y empresas de servicios.
La inclusión también se construye físicamente
Una política de diversidad puede establecer objetivos ambiciosos de contratación; sin embargo, pierde parte de su alcance cuando el espacio no permite que todas las personas se orienten o actúen con autonomía.
En consecuencia, diseñar placas y señalamientos mexicanos pensando en accesibilidad representa una oportunidad para integrar criterios visuales, táctiles y de ubicación desde el origen, en lugar de adaptarlos cuando surge una necesidad.
La inclusión laboral también se mide en detalles aparentemente cotidianos: poder entrar, encontrar un lugar, reconocer una indicación y saber hacia dónde dirigirse sin depender permanentemente de alguien más.