La industria refresquera en México enfrenta un nuevo desafío operativo. Pequeños y medianos comercios han registrado una disminución en ventas de hasta 10 por ciento, tras el alza del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) que afecta directamente el precio final de los refrescos y bebidas saborizadas.
El ajuste en el IEPS elevó el gravamen por litro de 1.39 a 1.57 pesos. Aunque el aumento fue aplicado por la Secretaría de Hacienda como parte de su actualización inflacionaria, los efectos se han sentido con mayor intensidad entre consumidores y detallistas. En consecuencia, tiendas de abarrotes, misceláneas y supermercados locales han tenido que modificar precios o reducir su inventario, lo que ha generado presión en sus márgenes de ganancia.
Impacto del precio del refresco en comercios y consumidores
Además del impacto en el consumo, algunos comerciantes han optado por sustituir estas bebidas por opciones con menor carga fiscal. Otros intentan mantener promociones para evitar perder clientela, aunque reconocen que las ventas no se han recuperado por completo.
El incremento también ha desatado preocupación entre fabricantes, quienes señalan que esta medida podría perjudicar a una cadena de suministro que involucra a miles de empleos. Según cifras de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), los productos más afectados son refrescos de cola, bebidas energéticas y jugos procesados.
Los consumidores, por su parte, comienzan a migrar hacia bebidas naturales o sin azúcares añadidos, en busca de opciones más asequibles. Esta transformación podría representar un cambio estructural en los hábitos de compra si la presión tributaria se mantiene o incrementa.
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