La salida de Telefónica de México marca el fin de una historia corporativa que nunca alcanzó su punto de equilibrio. Después de más de dos décadas operando en el país bajo la marca Movistar, la empresa española finalizó sus servicios móviles a clientes residenciales y cerró oficinas regionales en octubre de 2025, en un proceso que culmina su retirada del mercado mexicano.
El retiro, según voceros de la empresa, responde a la falta de rentabilidad sostenida y a condiciones fiscales adversas. Telefónica enfrentaba litigios con el Servicio de Administración Tributaria (SAT) por créditos fiscales acumulados. En consecuencia, la empresa optó por una estrategia de salida progresiva, cuando comenzó a migrar su infraestructura de red hacia la compartición con AT&T.
El ocaso de una operación insostenible
La operación mexicana de Telefónica se había convertido en una carga financiera. México representaba menos del 2% de sus ingresos globales, con pérdidas operativas constantes. Además, la competencia con Telcel, del Grupo Carso, y con AT&T México limitó la expansión de su base de usuarios.
Del mismo modo, el modelo de compartición de red, aunque buscaba recortar costos, no fue suficiente para revertir el deterioro del negocio. La compañía optó por un cierre total y vendió su base de clientes a AT&T México en un acuerdo no revelado públicamente. El traspaso incluyó también activos residuales, mientras la marca Movistar desaparece del panorama nacional.
Aunque Telefónica conserva una participación en algunos negocios corporativos en el país, la salida del sector móvil subraya un cambio en su estrategia regional, priorizando operaciones en mercados más rentables como Brasil, Alemania y España.
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