El panorama empresarial en México muestra señales de calma en medio de tensiones arancelarias. Las compañías nacionales no esperan que los gravámenes impuestos por Estados Unidos generen una inflación mayor, según información reciente del Banco de México. Un hallazgo que revela confianza estructural, aunque con matices de incertidumbre regional.
El Reporte de las Economías Regionales correspondiente al segundo trimestre de 2025 (abril-junio) señala que, pese a cambios en la política comercial estadounidense, las expectativas de inflación general a 12 meses por parte del empresariado siguen en descenso. La razón principal: las empresas consideran los aranceles como eventos temporales.
Expectativas, tipo de cambio y regiones
El Banco de México advierte que si las empresas anticipan una depreciación del peso, esto podría elevar sus costos de producción y alimentar presiones inflacionarias. En contraste, en los casos en que se espera estabilidad o apreciación de la moneda, las expectativas inflacionarias tienden a mantenerse por debajo del promedio nacional.
En lo regional se detectan diferencias. Al norte del país, las firmas que prevén un alza del tipo de cambio para 2025 estiman una inflación esperada 0.40 puntos porcentuales superior en promedio que aquellas que anticipan una disminución del dólar. Asimismo, el sector manufacturero reporta expectativas de inflación mayores que el sector no manufacturero.
Implicaciones para negocios y política monetaria
Que las empresas no esperen una inflación mayor tiene implicaciones para el diseño de políticas públicas. En particular para Banxico, que monitorea con atención las expectativas inflacionarias regionales y sectoriales. En consecuencia, decisiones sobre tasas, estabilidad cambiaria y apoyo a sectores vulnerables podrían ajustarse si cambia la percepción sobre la moneda o los aranceles.
La expectativa media nacional de inflación general a 12 meses por parte de las empresas es menor en 0.32 puntos porcentuales frente a niveles asociados con incertidumbres previas. Este dato aporta respaldo cuantitativo al argumento de que, por ahora, los aranceles no se perciben como factor inflacionario dominante.






