Alfredo Gadsden impulsa diseño, tecnología y certificación Hecho en México para elevar la competitividad y calidad del mobiliario nacional.
Bajo la dirección de Alfredo Gadsden, Grupo Escato ha trazado una ruta que transforma la producción de mobiliario en un ejercicio estratégico.
La empresa ya no solo fabrica; plantea soluciones que responden al uso del espacio, a la experiencia del usuario y a una identidad estética contemporánea.
“Nuestra intención es que cada pieza cumpla una función clara, pero también establezca una relación con su entorno y refleje una forma contemporánea de entender el diseño en México”, dijo Alfredo Gadsden.
Ese planteamiento obliga a revisar desde el diseño conceptual hasta la logística de entrega: prototipado rápido, pruebas de resistencia y ajustes de acabado para que el mobiliario funcione en contextos comerciales y residenciales con exigencias internacionales.
La visión estratégica de Gadsden reposiciona al diseño como activo económico y no solo como atributo estético.
La adopción de tecnología de precisión y la experimentación con combinaciones de madera, metal y polímeros han sido decisivas. Escato ha integrado procesos CNC, control dimensional y tratamientos avanzados que mejoran la durabilidad y la reproducibilidad de las piezas sin renunciar a detalles de manufactura local.
Este enfoque ha permitido bajar márgenes de error, optimizar tiempos y ofrecer acabados consistentes que facilitan la industrialización de proyectos a escala.
La certificación Hecho en México obtenida por la compañía en 2025 se interpreta, en palabras de Alfredo Gadsden, como un reconocimiento profundo:
“Refleja la capacidad de la industria mexicana para competir con estándares internacionales de diseño y calidad”.
No es solo una etiqueta de origen; es una garantía de trazabilidad, controles de calidad y cumplimiento de normativas que hoy condicionan contrataciones públicas y privadas.
La combinación de diseño, tecnología y certificación abre puertas en mercados que valoran la coherencia entre concepto y producción.
El desafío ahora es escalar sin diluir la propuesta: mantener innovación continua, controles rigurosos y una narrativa de marca que sostenga al Sello Hecho en México como sinónimo de excelencia, más allá de su condición de distintivo.
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